Cuando las mujeres nos convertimos en madres, agregamos miles de responsabilidades en nuestras vidas y nos enfrentamos con un tema especial: el tiempo.

GISELA SAUCEDO
NUTRIÓLOGA

 

Soy nutrióloga y mamá de 3 hijos (entre 7 y 2 años), por eso sé que la logística del día es complicada y agotadora: llevar y recoger a los niños, hacer tareas, acudir a las clases particulares, partidos y además, ser ama de casa y trabajar en empresa o negocio propio. Y en medio del ajetreo, el tema de la alimentación se vuelve un reto y “por falta de tiempo” acudimos a los alimentos procesados, llenos de conservadores y químicos.

Debemos tener en cuenta que nuestros hijos pequeños no son capaces de valerse por sí mismos; es responsabilidad nuestra cuidar su alimentación. Aquí debemos considerar el factor educativo: si les damos pautas alimentarias saludables, ellos las aprenderán. Los niños son imitadores y observan todo lo que hacemos y decimos. Es natural que si nos miran comer ciertos alimentos, ellos tengan curiosidad por probarlos y conocer sus sabores, texturas y olores. Esto nos da una excelente oportunidad para crear buenos hábitos.

Una buena alimentación debe ser variada, equilibrada, inocua (buena para la salud), suficiente y completa, esto es, que incluya todos los grupos de alimentos. Si cuenta con todo lo anterior, lo estás haciendo bien. Ofrece a tus hijos frutas y verduras diariamente, pues aportan vitaminas, minerales y fibra. Dos tomas de proteínas al día son suficiente para brindar al organismo de los niños lo que necesita.

 

Consejos prácticos y de organización para las mamás trabajadoras

  1. El día que tengas libre, puede ser sábado o domingo, organiza un menú para toda la semana. Haz la lista del súper y pídelo por el celular, así llegará cuando estés en casa y tendrás tiempo de lavar, desinfectar y acomodar. Dedica otros 15 minutos para cortar frutas o verduras para la semana y despreocúpate por el lonche saludable o el snack de media tarde de tus hijos. Coloca esta fruta o verdura en el refrigerador al nivel que ellos la puedan ver y alcanzar.
  2. No tengas en tu despensa, al menos a la altura de sus ojos, galletas, dulces, chocolates o cosas que ya sabes que siempre van a querer como primera opción.
  3. Elimina de tu despensa y refrigerador todo aquello que no quieres que consuman. Los padres somos quienes controlamos las líneas de abastecimiento, nosotros decidimos qué alimentos se compran y cuándo se consumen.

La rinitis alérgica es la enfermedad alérgica más frecuente en la infancia. Los síntomas principales son: congestión nasal, escurrimiento nasal, comezón en ojos, nariz, oídos, paladar y/o garganta, así como estornudos.

DR. MAURICIO OCHOA
ALERGÓLOGO

 

La inflamación en la nariz ocasionada por la rinitis favorece la aparición de infecciones en el oído (otitis) o en los senos paranasales (sinusitis).

Es frecuente que los síntomas de rinitis se confundan con infecciones, y lleven a tratarse como tales, o bien, hacer pensar en que existe un problema con las defensas del niño. Por lo tanto, es importante saber diferenciar cuándo se trata de alergia y cuándo se trata de infección. En el siguiente recuadro se muestran las diferencias.

 

Alergia

El moco suele ser transparente como agua, líquido y abundante.

Se acompaña de ataques de estornudos, comezón en la nariz y/o congestión nasal.

Estos síntomas se manifiestan sin fiebre u otros malestares. Para que sea rinitis (alergia) debe presentar al menos don síntomas.

 

Infección

Encontramos fiebre, malestar general, tos, dolor de garganta.

Las características del moco cambian, llegando a ser opaco y en ocasiones verde – amarillo.

 

¿Cuándo acudir con el alergólogo?

Se recomienda hacerlo si…

  • Los síntomas interfieren con la vida diaria
  • Se presentan complicaciones frecuentes
  • Hay trastornos en el sueño
  • Resulta en inasistencia escolar
  • Existen desencadenantes bien definidos, como cambios estacionales, polvo, mascotas, entre otros.
  • En estos casos, el tratamiento con una vacuna contra la alergia (inmunoterapia) disminuye la necesidad del uso de medicamento para controlar los síntomas.

Es frecuente que los síntomas de rinitis se confundan con infecciones, y lleven a tratarse como tales, o bien, hacer pensar en que existe un problema con las defensas del niño.

¿Cuánto sabes sobre enfermedades alérgicas?

  1. Las enfermedades alérgicas más comunes son dermatitis atópica, asma y rinitis alérgica, y éstas han ido en aumento en las últimas décadas.
  2. La atopia se define como la predisposición genética a desarrollar una respuesta exagerada contra agentes ambientales, por ejemplo: polvo casero, polen o alimentos. La presencia de atopia aumenta el riesgo de presentar enfermedades alérgicas.
  3. Las enfermedades alérgicas pueden empezar desde los primeros meses de vida. Durante esta etapa encontramos alergia a la proteína de la leche de vaca y en los siguientes meses, a otros alimentos como huevo, trigo o soya. Más adelante, en los primeros dos años de vida, inician síntomas respiratorios: sibilancias (sonido silbante y chillón al respirar) y tos.

A partir de los dos años, al exponerse a las temporadas de polen y otros alérgenos como hongos o polvo casero, se empiezan a asociar síntomas respiratorios (asma, rinitis).

Cuando ese bebé tan deseado no llega, existen recursos médicos y especialistas que pueden apoyar a las parejas. A continuación, algunas de las preguntas más comunes alrededor de este tema.

DRA. VANIA SANTOVEÑA
GINECÓLOGA, MEDICINA REPRODUCTIVA,
ENDOCRINÓLOGA EN GINECOLOGÍA E INFERTILIDAD

 

1.- Si no hemos podido lograr un embarazo, ¿cuándo debemos empezar a buscar ayuda médica?

Después de 12 meses o más teniendo relaciones sexuales regularmente (2 o 3 veces por semana) sin protección y sin lograr un embarazo, es recomendable acudir para una valoración con un especialista. Si la mujer es mayor de 35 años o si uno de los dos tiene algún antecedente médico que pueda causar infertilidad, se recomienda iniciar la evaluación a partir de los 6 meses.

 

2.- ¿Qué tan frecuente es la infertilidad?, ¿por qué cada vez más personas la padecen?

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se estima que 2.6 millones de parejas en México tienen infertilidad y que cada año se suman 180 mil nuevos casos. Existen múltiples razones por las que cada vez más parejas no se pueden embarazar. Una de las principales, es que actualmente las mujeres empiezan a buscar un embarazo a edad más avanzada; aunque también influyen factores relacionados con el estilo de vida que llevamos.

 

3.- ¿Con qué médico debemos acudir?

El especialista ideal para iniciar el estudio es el ginecólogo con subespecialidad en biología de la reproducción, medicina reproductiva o infertilidad. Según los hallazgos que él o ella detecten, podrá ser necesario el apoyo de algunos otros especialistas como urólogos, andrólogos, internistas, psicólogos, nutriólogos, etc.

 

4.- ¿Qué debo esperar de la consulta médica de infertilidad?

Lo ideal es que acudan ambos a la consulta. El especialista les realizará preguntas generales sobre su historial médico y estilo de vida, y hará una revisión ginecológica general en la mujer. Además, solicitará algunos estudios de sangre en ambos, de semen en el varón y de imagen para ver las trompas en la mujer. Con base en todo esto, les planteará las diferentes opciones de tratamiento.

 

5.- ¿Cuáles son las causas de la infertilidad?

Aproximadamente, un 40% de las causas de infertilidad son algún problema en la mujer, otro 40%, problemas en el hombre, y el resto se debe a una combinación de factores de ambos.

Las principales causas en la mujer son desequilibrios hormonales que evitan la ovulación. Otras causas pueden ser obstrucción de trompas de Falopio por antecedentes de infecciones o endometriosis, problemas en el útero que impiden la implantación del embrión (en la etapa inicial del desarrollo del futuro bebé) como miomas, pólipos o tabiques. Las causas principales en el hombre son problemas de cantidad, movilidad o formas anormales de los espermatozoides.

 

6.- ¿Por qué influye la edad en la fertilidad?

Las mujeres nacemos ya con los óvulos que vamos a utilizar a lo largo de nuestra vida y conforme envejecemos, los óvulos van envejeciendo también (no se crean nuevos). Al nacer, tenemos aproximadamente 1 a 2 millones de óvulos. Algunos mueren de forma natural, otros se ovulan y conforme avanza la edad, cada vez quedan menos y de menor calidad. Esta es la razón por la que después de los 35 años tiende a ser más difícil lograr un embarazo y hay mayor riesgo de abortos espontáneos.

En el caso de los hombres, la fertilidad también disminuye con la edad, principalmente a partir de los 40 a 50 años. Sin embargo, esta disminución no es tan predecible ni tan severa porque ellos sí están produciendo espermatozoides nuevos constantemente.

 

7.- ¿En qué consiste el tratamiento de la infertilidad?

El tratamiento depende de la causa, por lo tanto, no será el mismo para todas las parejas. Puede ser tan sencillo como únicamente realizar algunos cambios de hábitos y tomar medicamento para corregir problemas hormonales; o bien, tan complejo como cirugías o técnicas de reproducción asistida.

 

8.- ¿Qué son las técnicas de reproducción asistida?

Son un conjunto de técnicas y tratamientos para favorecer el embarazo. Generalmente se inicia con medicamentos en la mujer para inducir la ovulación (liberación del óvulo para ser fecundado) y dependiendo de la causa de infertilidad, se elige hacer una inseminación intrauterina o una fertilización in vitro.

 

9.- ¿Son costosos los tratamientos de la infertilidad?

El costo es muy variable. Mucha gente no acude a consultar porque tiene la idea de que todo lo relacionado con la reproducción asistida es muy costoso. Algunas causas de infertilidad tienen tratamientos muy accesibles y aunque en otras sí se eleva mucho el precio, existen clínicas de fertilidad que ofrecen opciones para disminuir los costos.

 

10.- ¿Hasta qué edad puedo intentar buscar un embarazo?

No existe una edad límite claramente establecida. Incluso mujeres que tienen una reserva ovárica muy baja pueden conseguir un embarazo por medio de la donación de óvulos. Sin embargo, conforme avanza la edad se vuelve mucho más importante el estado de salud en general de la mujer, pues el riesgo de complicaciones durante el embarazo es mayor. Por ello, es necesario evaluar el caso de cada mujer para elegir si aún es candidata a estos tratamientos.

Quienes tratamos de llevar una vida balanceada entre la familia y el trabajo, sabemos que lograrlo es un gran reto que nos lleva al límite de nuestras capacidades físicas y emocionales.

DIONICIO A. GALARZA MOLINA
PSICÓLOGO CLÍNICO

 

En esta ocasión me doy a la tarea de reflexionar sobre qué representa en nuestra vida y en el mundo moderno, tratar de lograr un balance de vida y lidiar con el estrés que esto genera.

Desde que nace como ciencia formal, la psicología ha entendido que la capacidad de amar y trabajar es un signo fundamental de salud emocional. Sin embargo, no podemos ignorar que nuestras circunstancias han cambiado radicalmente con el gran progreso tecnológico y económico de las últimas décadas. Junto con estos avances, también llegó una era en la que el ideal de alcanzar un éxito conjunto en el trabajo y en nuestras relaciones cercanas es cada vez más difícil de lograr.

¿A qué se debe esto? Una de las principales razones es que hay un gran desbalance entre las exigencias del mundo moderno y lo que nuestra naturaleza humana nos predispone a hacer. Vivimos en un mundo que se mueve a gran velocidad: mucha información que nos bombardea constantemente por todos lados, gran competencia en lo laboral, y bastantes retos que superar día con día. Todo esto se traduce en una sola cosa: estrés.

Nuestro “sistema operativo” para afrontar el estrés está obsoleto por lo que no es compatible con el tipo de dificultades a alas que nos enfrentamos hoy en día.

 

¿De qué hablamos cuando usamos la palabra estrés?

Muchos de nosotros tenemos una idea muy específica de lo que este concepto representa. Es ese malestar, ese peso que sentimos sobre nuestros hombros cuando nos enfrentamos a las dificultades de nuestra vida. Pero, ¿qué significa sentir ese estrés? ¿Qué está pasando en nuestra mente y en nuestro cuerpo cuando ese malestar nos atrapa y no nos suelta en todo el día?

Para contestar estas preguntas, primero debemos considerar un hecho de crucial importancia para entender el estrés: nuestro sistema nervioso (nuestro cerebro y las conexiones nerviosas que lo conectan con todo el cuerpo) no ha evolucionado desde hace 40,000 años. Esto quiere decir que aunque vivamos como personas civilizadas y complejas, la forma en la que nuestro cerebro y nuestra mente interactúan con el entorno es exactamente igual a como lo hacían nuestros ancestros de la Edad de Piedra.

Dicho de otro modo, usando un lenguaje computacional: nuestro sistema operativo para afrontar el estrés está obsoleto, por lo que no es compatible con el tipo de dificultades a las que nos enfrentamos hoy en día.

 

¿Por qué sentimos estrés?

Imaginemos por un momento a una persona que vivió en la Era Prehistórica. ¿Qué tipo de cosas le estresaban? Los estresores de este período eran muy elementales: no encontrar comida, ser objeto de ataques de depredadores o ser víctima de otras adversidades naturales. De este modo, cuando sentían estrés por estas cosas, ellos se sentían en peligro, y tenían que actuar de forma inmediata para ponerse a salvo. De ahí surge nuestro sistema de afrontamiento al estrés, que está diseñado para enfrentar peligros inmediatos, mediante reacciones físicas y emocionales que nos preparan para actuar en dos posibles sentidos: luchar contra dicho peligro o intentar escapar de éste.

Siendo así, tanto nuestros ancestros como nosotros mismos en el presente estamos adaptados evolutivamente para responder a un tipo de estrés que es muy intenso pero dura poco tiempo. De este modo, una vez que el peligro acaba y estamos nuevamente a salvo, podemos regresar a la normalidad y retomar nuestra vida con tranquilidad. Esto permite que nuestro cuerpo y nuestra mente se recuperen y se preparen para reaccionar a una nueva amenaza, ante la que deberán activar otra vez este sistema de defensa, y así sucesivamente.

¿El estrés del mundo moderno es igual al estrés ancestral? Realmente no. De hecho, es prácticamente lo opuesto. En el mundo moderno vivimos inmersos en un tipo de estrés que nunca se sentirá tan intenso como el de ser perseguido por un depredador prehistórico, y más bien será suave, a veces casi imperceptible. El problema es justo ese: como es mucho menos intenso, a veces simplemente nos acostumbramos a cargarlo a cuestas y a tenerlo siempre, y nuestro cuerpo y nuestra mente nunca tienen oportunidad de recuperarse. Este es el estrés crónico.

 

El estrés nos desconecta

La próxima vez que llegues a casa después de un largo día de trabajo, nota tu conducta y tus emociones. ¿tienes ganas de hablar con tu familia?, ¿de hacer algo edificante?, ¿o lo único que quieres es sentarte en algún sillón y apagar tu cerebro?

Si esto último te parece más familiar, lamento decirte que estás siendo presa del estrés crónico del que hemos hablado en esta ocasión, y ese estrés crónico te está desconectando de tu entorno. Próximamente daré seguimiento a este tema y te explicaré cómo manejarlo mejor.

 

Desde siempre, el cabello ha sido para la mujer un signo de belleza, salud y bienestar, además de que cumple funciones como protección contra agentes externos y luz solar, y otras sensoriales y sociales, de ahí la importancia de su cuidado.

CÉSAR DANIEL VILLARREAL VILLARREAL
DERMATÓLOGO

 

¿Qué tipos de alopecia existen en la mujer?

  1. La forma más frecuente de caída de cabello es la alopecia en patrón femenino, la cual tiene un componente genético y otro, hormonal. Se caracteriza por el adelgazamiento de la parte central de la piel cabelluda.
  2. Otra forma de caída de cabello muy frecuente es el efluvio telógeno, la cual aparece después de períodos de estrés fisiológico, como enfermedades, hospitalizaciones embarazos y otros. En ésta, aumenta drásticamente la caída de cabello, principalmente al bañarse o en la almohada.
  3. Existen otros tipos de caída de cabello, algunos que se relacionan a estrés emocional, como la alopecia areata, en la que se observan placas o círculos bien delimitados sin pelo en la piel cabelluda.

Es importante la atención con un dermatólogo para descartar otros tipos de enfermedades donde se cae el cabello como son el lupus, la enfermedad tiroidea y deficiencias vitamínicas.

Cada tipo de alopecia tiene su causa particular.

 

¿Cuáles son los tratamientos que existen?

El tratamiento debe ser elegido en función de la causa. Para la forma más frecuente de caída de cabello en mujeres, la alopecia en patrón femenino, el tratamiento es a base de medicamentos que estimulen la fase de crecimiento de pelo (como el minoxidil), medicamentos que tengan regulación hormonal y suplementación de la deficiencia vitamínica. Para otros tipos, como la alopecia areata, se debe dar tratamientos que regulen la respuesta inmune.

 

¿Por qué se da la alopecia en la mujer?

Por lo general, existe una predisposición genética, sumada a mecanismos hormonales que inducen el adelgazamiento y caída del pelo. Dar una causa general es difícil, ya que cada tipo tiene su causa particular.

 

¿A qué edad se puede presentar?

Es frecuente encontrar la alopecia en patrón femenino entre los 35 y 50 años. Otros tipos se pueden presentar más temprano, como el efluvio telógeno, que lo vemos en pacientes durante o posterior a su embarazo.

 

¿Cuándo se trata de una caída de cabello normal, y cuándo debemos acudir a un especialista?

Por lo general, tenemos entre 100 y 150 mil cabellos. Se desprenden entre 50 y 100 diarios y la velocidad de crecimiento es de 0.35 milímetros por día. Cuando aumenta la caída de manera drástica o notamos un adelgazamiento paulatino, es el momento de consultar. El tratamiento del cabello es lento, debido a lo prolongado que son sus ciclos de crecimiento, pero con un diagnóstico y seguimiento acertados se obtienen excelentes resultados.

Lo que debes saber sobre el sueño de tu bebé de 0 a 3 años 

El sueño es un estado de reposo que utiliza el organismo para recuperarse. Es una conducta natural, periódica y cambiante, pues depende de la etapa de la vida y del entorno.

GABRIELA MONTESINOS
PEDIATRA

 

A partir de la semana 30 de gestación se inicia la diferenciación de los ciclos de sueño y vigilia en el feto, y desde ese momento el sueño del bebé es un tema de gran importancia en su desarrollo y la dinámica familiar.

El sueño irregular de los pequeños

Debido a la inmadurez en los sistemas de regulación del sueño en el bebé, desde que nace hasta los 6 meses sus periodos de sueño duran entre 2 y 3 horas y se distribuyen al azar en el día. Esto se conoce como patrón polifásico. El ritmo de alimentación entre hambre y saciedad es el factor modulador externo del sueño más importante en esta edad.

A los 5 o 6 meses se va estableciendo el ritmo circadiano (reloj biológico del cuerpo humano) debido a la maduración en su cerebro, y se desarrolla un patrón del sueño predominantemente nocturno o monofásico. Sin embargo, hay niños que tardan más en adquirirlo, con despertares nocturnos normales que aparecen hasta en 40% de los niños menores de 3 años y en un 15% a los 3 años de edad.

En función de la capacidad del niño de volver a dormirse de forma autónoma, pueden establecerse dinámicas de intervención por parte de los padres.

 

¿Por qué es importante dormir?

El no dormir adecuadamente puede producir alteraciones cognitivas en la atención y concentración, cambios en el estado de ánimo y repercusiones en la inmunidad y regulación hormonal.

Las siestas son normales hasta los 3 o 4 años de edad. La suspensión precoz de éstas causa a los niños somnolencia durante el día.

 

 

¿Cúanto deben dormir los niños?

Recomendaciones de la Academia Americana de Medicina del Sueño:

  • Bebés de 4 a 12 meses: 12 a 16 horas por día (incluidas las siestas)
  • Niños de 1 a 2 años: 11 a 14 horas por día (incluidas las siestas)
  • Niños de 3 a 5 años: 10 a 13 horas por día (incluidas las siestas)

Dormir el número de horas recomendadas se asocia con mejores resultados de salud, entre ellos mejor atención, comportamiento, aprendizaje, memoria, regulación emocional, calidad de vida, salud mental y salud física.

 

Bebés dormilones

¿Sabías que…?

  • Los bebés recién nacidos pueden dormir hasta 18 horas por día de manera intermitente y se despiertan algunas horas para comer.
  • Los bebés alimentados con seno materno comen de 8 a 12 veces por día y aquéllos alimentados con fórmulas, de 6 a 8 veces, aproximadamente.
  • Es necesario despertar al bebé que duerme durante más tiempo, para alimentarlo cada 3 o 5 horas hasta que muestre un buen aumento de peso, lo cual suele ocurrir en las primeras semanas. Después, puedes dejarlo dormir más.
  • Los bebés pueden dormir hasta 20 horas pero de manera intermitente, nunca seguidas, por la necesidad de alimentación, porque pueden tener riesgo de que se les baje la glucosa (hipoglucemia).
  • Muchos bebés comienzan a dormir durante “toda la noche” esto es, 5 a 8 horas seguidas, desde los 2 a 3 meses de edad.
  • Aproximadamente dos tercios de los bebés pueden dormir durante la noche con regularidad a los 6 meses.
  • Entre más grande es un bebé, duerme menos horas al día, pero las duerme más seguidas.

Dado que los problemas del sueño también pueden presentarse junto con algunas enfermedades, recomiendo consultar con el pediatra si el bebé comienza a tener dificultad para dormir o si se mantiene despierto, en especial si es un patrón nuevo.

 

Niños desvelados

Hay días en que los niños pueden no llegar a las horas recomendadas de sueño porque tienen actividades como fiestas, juegos, visitas o simplemente no tienen sueño, y está bien mientras no sea un común denominador después de haber adquirido una rutina y un ritmo. Una vez que el bebé comienza a dormir con regularidad toda la noche, lo cual suele ocurrir a los 6 meses, los padres suelen desilusionarse cuando tiene dificultad para dormir o se despierta nuevamente durante la noche.

Las causas pueden ser la denominada “ansiedad por la separación” o sobre estimulación por carbohidratos cercanos a la hora de dormir, ruido excesivo, juegos, o bien, por el cansancio extremo.

 

¿Cómo ayudar al bebé a dormir?

El bebé puede mostrar signos de estar dispuesto a dormir cuando se frota los ojos, bosteza o se vuelve irritable. A continuación, algunas dinámicas recomendadas de intervención de los padres.

  • Establece una rutina para dormir pero asegúrate de que el bebé no se duerma en tus brazos, pues esto puede convertirse en un patrón y el pequeño puede comenzar a esperar siempre estar en brazos para dormirse.
  • Los bebés que se sienten seguros pueden manejar mejor las separaciones, especialmente durante la noche. Abrazar y consolar a tu bebé en el día puede ayudarlo a sentirse más seguro.

 

Otras formas de ayudar al bebé a aprender a dormir: 

  • Que tome siestas durante el día, según su edad.
  • Colócalo en la cama cuando esté somnoliento, pero antes de que se duerma.
  • Llévalo a la cama cuando tenga sueño y utilízala solo para dormir.
  • Cerca de la hora de dormir, evita la estimulación y actividades como ver tele, jugar y el ejercicio. Evita también las actividades estresantes.
  • Establece una rutina para ir a dormir, como un baño, la lectura de libros y mecerlo.
  • Acuéstalo y levántalo todos los días a la misma hora.
  • Reproduce música suave mientras se queda dormido.
  • Después del año, evita darle comidas copiosas antes de dormir.
  • Mantén condiciones ambientales adecuadas para dormir: temperatura, ventilación, ruidos y luz.
  • Fomenta que haga ejercicio durante el día, pero no cerca de la hora de dormir.
  • Introduce un objeto transicional, como una manta pequeña o un juguete blando que el bebé pueda llevar a la cama, pero no antes de que tenga la edad suficiente para girar y sentarse. De esta manera evitas el riesgo de asfixia.
  • Debes contenerlo y darle seguridad cuando tenga miedo o cuando se despierte durante la noche, en este último caso, con palmaditas y arrullos, pero evitando quitarlo de la cama.
  • Mantén coherencia con la rutina y en tus respuestas.