“Este lunes sí comienzo la dieta, el estudio, el gimnasio”, dices, pero ningún lunes lo cumples. Es el lema de las personas que no asumen la responsabilidad de su vida y de su bienestar. Si no cumples lo que te planteas, este artículo es para ti.

ANDREA SAN GIL
PSICÓLOGA, PSICOTERAÍA GESTALT,
MAGISTER EN PSICODINÁMICA 

 

Veo con frecuencia cómo las personas se hacen promesas que terminan no cumpliendo. Todos en algún momento hemos escuchado a alguien o a nosotros mismos diciendo: “Este lunes sí comienzo la dieta”, “este año sí empiezo ese negocio”, “ya es la última vez que le tolero una infidelidad a mi pareja”, “mañana sí estudio”, y así, un sinfín de promesas que no cumplimos.

La responsabilidad personal está ligada al compromiso que tenemos con nosotros mismos. Y tiene que ver con asumir que como persona individual soy responsable de:

  • Mis acciones

  • Mis proyectos

  • Lo que elijo en mi vida

  • Lo que permito en mis relaciones de pareja, profesionales o familiares

  • De mi cuidado físico y mental

  • Y de muchísimos otros aspectos

Y es que, básicamente, la responsabilidad personal es la manera como somos fieles a nuestras ideas, propósitos, metas y cuidados. Ser responsable nos lleva a crecer, a asumir las consecuencias de nuestras acciones y, por supuesto, a reparar y aprender de nuestros errores.

Muchas veces esperamos demasiado de los demás, del tiempo, de las circunstancias, de un sueldo en el trabajo o de cualquier cantidad de aspectos y realmente, NO necesitas esperar que los demás cambien para cambiar tú. Lo bueno de todo esto es que puedes asumir que existe un sinfín de responsabilidades que están en tu control para mejorar tu vida, y no necesitas un motivo o una razón para asumirlas y hacer lo que quieres.

Piensa en todo lo que deseas, lo que te mereces y lo que crees que haría tu vida mejor. Por ejemplo, dejar ese trabajo que no te gusta o comenzar ese hábito que tanto beneficio te traerá. Empieza a tomar conciencia de tus deseos, pero también asume que solo depende de ti esforzarte para cumplirlos.

Por supuesto que ser responsable es algo que asusta, es uno de los mayores actos de madurez emocional y a veces caemos en echarle la culpa a todo y todos de nuestras desdichas. “Es que no tengo tiempo”, “no tengo pareja”, “no tengo dinero”, son algunos ejemplos. El “no tengo” se vuelve una excusa perfecta de victimización para quedarte en donde estás y, te insisto, no necesitas esperar las circunstancias perfectas para cambiar tu vida.

 

Algo que recomiendo con frecuencia a mis pacientes que se han fallado una y otra vez con creación de hábitos es que se propongan una meta totalmente absurda, tan absurda que no tengan motivos para romperla. Por ejemplo, ante la meta de hacer ejercicio todos los días, que bailen una canción diariamente, pero que se comprometan a hacerlo, así sea a las 11 de la noche antes de dormir. Al darse cuenta que realmente sí pueden y que el día sí alcanza para hacer ejercicios, empiezan a tomar responsabilidad de que así como esa meta pueden comprometerse a muchas otras.

 

Por eso, hoy te quiero dar algunas recomendaciones para ser más responsable:

1. Habla en primera persona. Algo que ayuda mucho a tomar la responsabilidad es el lenguaje. Para nosotros los psicólogos y terapeutas, el lenguaje es una herramienta crucial de trabajo. La escucha activa nos permite observar con detenimiento cada palabra que emiten nuestros pacientes en consulta. Es necesario que asumas que ser más responsable también requiere que tomes conciencia de cómo hablas en plural: “es que a nosotros no nos gusta”, “nosotros no queremos o sí queremos tal cosa”, “la gente se molesta cuando pasa esto”, “es que uno no es perfecto”. Empieza a hablar en primera persona desde el “Yo” o el “a mí”. “A mí no me gusta”, “yo no quiero”, “yo me molesto cuando…”. Practícalo, es difícil pero no imposible.

2. Trázate objetivos que te motiven. Es necesario ser responsable con las metas y propósitos que nos ponemos; de cierta manera nos autorrespetamos cuando lo hacemos. Piensa en lo que quieres lograr con tu vida y recuerda que cumplir tus objetivos es tu responsabilidad.

3. Evalúa qué está en tu control y qué no. Muchas personas tienen problemas para asumir lo que les corresponde y para soltar lo que no. Por ejemplo, “sentir es involuntario, no puedo controlar cuando siento ira, pero sí puedo controlar mis conductas cuando estoy molesto”.

4. Propónte rutinas. Piensa en lo que necesitas y quieres hacer con tu vida y no esperes a “tener tiempo”: hazlo tú, responsabilízate de tus tareas y no esperes que te sobre tiempo para hacer ejercicio o estudiar, por ejemplo.